Euskal Erbesteen Kultura – La Cultura de los Exilios Vascos

Revistas del exilio

En esta sección queremos recopilar información en torno a las publicaciones impulsadas por exiliados y exiliadas vascas, por encima de ideologías, contenidos u orientaciones.

A B C D E F G H I J L M O P R S T U Z

AMBOS MUNDOS,

Foto No Disponible

Ambos Mundos, revista

Se trata de una publicación dirigida e impulsada por el conjunto de nacionalistas vascos que integraban la Delegación del Gobierno Vasco en New York pero cuya orientación y contenidos difieren por completo de similares proyectos. Presentada como revista mensual, en formato de libro, con cien páginas, apenas aparecieron dos números en junio y julio de 1946. Como directores de la misma figuraban Iñaki Uriarte, Jon Bilbao* y Luis Navascues. Respecto a los colaboradores, destaca toda una serie de firmas que habían ocupado lugar preeminente en las distintas acciones y publicaciones impulsadas por el Gobierno Vasco. Así, entre las firmas de origen vasco encontramos a Manuel de la Sota y José Olivares Larrondo “Tellagorri”*; el resto de las firmas procedían de todo el mundo: André Maurois, Arthur Koestler, A. Beverley Baxter, Ivan Jacobsen… Merece destacarse también el nombre del brigadista internacional Giles Romilly. Muchos de estos eran recogidos de otros medios de comunicación; a modo de ejemplo podemos mencionar un texto de Antonio Machado, publicado en Hora de España, otro del jesuita John A. Siemes, publicado en Jesuit Missions, un texto humorístico de Frank S. Caprio tomado de Woman´s Life… En alguna medida el planteamiento de la revista recuerda en cierta medida al clásico Selecciones del Reader´s Digest, buscando siempre la amenidad y la diversidad temática. Por otra parte, la publicación alardea de poseer corresponsales en toda Europa y de una amplia red de distribución por todo el continente americano. Respecto a la temática general, el editorial del primer número destaca dos palabras: cultura y economía. Con todo, predomina un tono anecdótico y humorístico que no deja de ser desconcertante si se tiene en cuenta la situación de los promotores de la revista. Como temas constantes encontramos las referencias a la Unión Soviética, textos muchas veces de carácter crítico con el comunismo que ya parecen anunciar la futura Guerra Fría. Otros temas son relatos en primera persona de hechos de la historia reciente como los campos de concentración nazi o el bombardeo de Hiroshima. También son frecuentes las reivindicaciones de la democracia como sistema político. Asimismo, no deja de ser llamativo el hecho de que dirigiéndose la revistas al mundo americano de habla hispana, la mayor parte del interés temático se centra en el mundo anglosajón; en esta misma línea, en el editorial del primer número se dice que New York es la nueva capital del mundo, “com antes lo fue París, y lo fueron Bizancio y Roma” (2).

Dadas las dificultades económicas por las que atravesó siempre la Delegación Vasca en Estados Unidos no es fácil de entender o justificar una publicación de estas características, totalmente escrita en español y con una apariencia lujosa, con numerosas fotografías y con una publicidad que, aunque escasa, presenta productos de lujo: estilográficas “para la gente de buen gusto”, y avionetas. Koldo San Sebastián alude a que la revista se finació a partir de los regímenes democráticos europeos y que precisamente desapareció cuando el Gobierno de Checoslovaquia dejó de apoyar la iniciativa; existió un precedente, La Revista Belga, aparecida en 1946, dirigida por Luis Navascues y Jon Bilbao, que contaba con la ayuda directa de la Embajada de Bélgica. También alude San Sebastián a la ayuda económica de algunos vascos de la diáspora, en concreto García Urteaga y Orbe (60).

En resumen son muchos los aspectos confusos en torno a una revista que difícilmente podría ubicar entre las publicaciones del exilio republicano sino fuese porque sus promotores son claramente exiliados.

La revista, de difícil localización en las hemerotecas europeas, ha sido reeditada en DVD por el Gobierno Vasco en 2007.
José Ramón Zabala

BIBLIOGRAFÍA
-Ambos Mundos. Reprodución digital completa en: IRIGOYEN, Alberto y Adriana PATRÓN: Hemeroteca de las diáspora vasca 01. Urazandi Digital, volumen 5, DVD nº7. Gobierno Vasco. Gasteiz, 2007.
-SAN SEBASTIÁN, Koldo: The Basque Archives. Vascos en Estados Unidos (1939-1943). Donostia, Editorial Txertoa, 1991.

ANAYAK, Correspondance bi-mensuelle des pretes basques en exil

Fotografía de Correspondance bi-mensuelle des pretes basques en exil ANAYAK

Anayak. Correspondance bi-mensuelle des pretes basques en exil, revista

Bajo el expresivo lema de “Correspondencia de los sacerdotes vascos en el exilio” vio la luz en París, en enero de 1939, una modesta publicación que, a pesar de su escasez de medios, trataba de poner en comunicación a los numerosos religiosos exiliados en Francia, Bélgica e Inglaterra. Como es sabido a diferencia de la jerarquía eclesiástica española, una parte importante del clero vasco, fundamentalmente vizcaínos y guipuzcoanos, se declararon partidarios de la legalidad republica y, en consecuencia, actuaron bajo las directrices del Gobierno Vasco, manteniedo el culto en las iglesias vascas o actuando como capellanes en los batallones de gudaris. Con la caída de Bizkaia y, posteriormente, del resto del estado, ante la amenaza de ser fusilados o encarcelados, muchos de ellos se vieron obligados a abandonar la Península. Precisamente la denuncia de todos estos hechos ante la opinión pública internacional fue uno de los grandes objetivos de la publicación en cuyas páginas se recogió de manera detallada listados de sacerdotes fusilados, asesinados, desaparecidos, presos en los campos de concentración franquistas o fallecidos en distintas circunstancias generadas por la guerra. También se denunciaron los crimenes de los franquistas contra la población civil. Asimismo, se hizo eco de distintas solicitudes de intercesión presentadas ante la jerarquía eclesiástica, especialmente el Papa.

La publicación de Anayak (hermanos) fue impulsada por dos exiliados fundamentalmente: Juan Thalamas Labandibar y Alberto Onaindia, ambos sacerdotes. No obstante, entre los colaboradores de la publicación no todos eran religiosos. Así, podemos mencionar a Juan Gorostiaga, el periodista Rafael Picabea y el escritor vascofrancés Pierre Lafitte; entre los religiosos destaca la colaboración del Obispo de Dax, Monseñor Mathieu. Con todo lo más habitual fue que los textos apareciesen firmados bajo seudónimo, con nombres como “Landerra”, “Asuri de Larraun”, “A´tar K.”. De la revista apenas se publicaron siete números, el último en la primera quincena de abril de 1939. La mayor parte de los textos aparecieron en lengua francesa, a excepción de algunas cartas y textos menores en euskara.

Desde un punto de vista político el contenido de Anayak poseía una gran importancia internacional ya que daba a conocer el punto de vista y las opiniones de sacerdotes vascos y que a la vez simpatizaban con la República y el Gobierno Vasco, lo cual contradecía la imagen de Cruzada religiosa que deseaban imprimir los golpistas a su asalto al poder. En este sentido los textos de Anayak fueron reproducidos en numerosas ocasiones por otros medios de comunicación tanto del exilio como de la prensa internacional, constituyendo un importante elemento de denuncia contra la barbarie franquista.

Respecto a la conservación de la revista existen ejemplares en distintas bibliotecas del País Vasco y Navarra aunque no se ha reeditado más que un único número, el último de la revista.

José Ramón Zabala

-Anayak. Correspondance bi-mensuelle des pretes basques en exil. Nº7, reprodución digital en: IRIGOYEN, Alberto y Adriana PATRÓN: Hemeroteca de las diáspora vasca 01. Urazandi Digital, volumen 7, DVD nº12. Gobierno Vasco. Gasteiz, 2007.
-ZABALA, José Ramón:
-“Aproximación a la hemerografía del exilio vasco. 1936-1960”. La Cultura del Exilio Vasco II. Editorial José Angel Ascunce. Donostia, 1994, pp.71-128.
-“Hegoalderantz begira. 1936ko euskal erbesteko prentsa Europan”, Donostia, Jakin, nº119, julio-agosto de 2000, pp.77-96.

BASQUES,

Fotografía de BASQUES

Basques. Bulletin of the Basque Delegation in the USA, revista

En marzo de 1943 aparece el primer número de esta importante publicación promovida por la recien creada Delegación Vasca en Nueva York. Editada integramente en inglés, traducida del castellano por el matrimonio Navascues, participan en ella de manera directa además del propio Luis Navascues destacados exiliados nacionalistas como Manu de la Sota*, quien figuraba como director y autor de los editoriales, Anton de Irala, Jon Bilbao* y el propio lehendakari José Antonio Aguirre* quien escribió muchos de los artículos allí publicados.

Se trataba de una publicación cuidadosamente editada, cuyos artículos generalmente aparecían sin firma para subrayar su carácter institucional, en los cuales se daban a conocer las líneas maestras de la estrategia del Gobierno Vasco en América. A lo largo de los seis números que aparecieron hasta agosto de 1944 se trataron en sus páginas temas tan diversos como la denuncia de las actuaciones de los paises nazi-fascistas en Iberoamérica, la defensa de la incipiente democraciacristiana, la defensa del régimen republicano, la denuncia de los crímenes franquistas, la defensa del clero vasco, el derecho vasco… En palabras del escritor Koldo San Sebastián se trataba de “una publicación de altísimo nivel” (58), con contenidos muy trabajados y especializados.

Con un formato de revista, el boletín fue aumentando progresivamente en sus contenidos, paginación y material gráfico aunque éste nunca llego a ser especialmente llamativo. De las iniciales ocho páginas, en julio el número tres pasaba ya a doce, veintidós en el número cinco. Respecto a su periodicidad, en un principio Basques pretendía ser mensual pero las grandes dificultades económicas a las que se vio enfrentada la Delegación Vasca, motivó el que en dieciocho meses apenas publicasen seis números.

Respecto a la repercusión que tuvo la revista ésta debió ser importante a pesar de los limitados medios al alcance de las Delegación para su difusión. Distintos medios de comunicación norteamericanos se hicieron eco de algunos de sus textos, es el caso de The Register de Denver; en otras ocasiones la polémica acompañó a la publicación como cuando Basques fue atacada por la revista Católica de los jesuitas de El Paso (Texas). Otros textos fueron recogidos en la prensa nacionalista de todo el continente e, incluso, en algún caso, editados como folleto; fue el caso de La democracia vasca de Manu de la Sota, editada por la Delegación Vasca de Chile y distribuido por todo el mundo. En este sentido, Basques constituye un importante documento en el que es posible analizar la evolución del pensamiento nacionalista una vez perdida la guerra civil; de alguna manera en estas páginas aparece diseñada la estrategia política que desarrollaría Aguirre durante toda la posguerra, uno de cuyos puntales era el impulso a la democraciacristiana.

En el año 2007 el Gobierno Vasco ha reeditado en DVD la colección completa de Basques.

BIBLIOGRAFÍA
-Basques. Bulletin of the Basque Delegation in the USA. Reprodución digital completa en: IRIGOYEN, Alberto y Adriana PATRÓN: Hemeroteca de las diáspora vasca 01. Urazandi Digital, volumen 5, DVD nº7. Gobierno Vasco. Gasteiz, 2007.
-“Escritos de José Antonio de Aguirre en Nueva York, en la revista Basques”, conjunto de artículos traducidos al inglés por la Sra. de Navascués y recopilados por Jon Bilbao, recogidos en Jose Antonio AGUIRRE: Obras Completas, tomo II. Martin de Ugalde (compilador). Editorial Sendoa. Donostia, 1981. Pp.487-543.
-SAN SEBASTIÁN, Koldo: The Basque Archives. Vascos en Estados Unidos (1939-1943). Donostia, Editorial Txertoa, 1991.

José Ramón ZABALA</p>

BATASUNA,

Fotografía de BATASUNA

Batasuna, revista

Bajo el lema de Revista de Divulgación Vasca, con una periodicidad variable que pasó de menusal a bimensual, se publicón en Santiago de Chile esta importante publicación cultural vasca. Dirigida por Bernardo Estornés Lasa, trató de hacer honor a su nombre, “unidad” en lengua vasca, recogiendo en sus páginas colaboradores y escritos de las más diversas ideologías, aunque con un claro predominio de la óptica nacionalista y de defensa del Gobierno Vasco en el exilio; así, en lacabecera de la publicación se recoge la silueta del conjunto de Euskal Herria, como es sabido concepto cultural que desde el siglo XVI define a todos los terriorios de habla vasca, junto con el escudo de cada uno de ellos.

El primer número de la revista apareción en diciembre de 1941 y hay que reconocer que la cabecera no tuvo una larga existencia: apenas cinco números, agrupados en tres revistas ya que el dos y tres y el cuatro y cinco aparecieron en una única revista respectivamente; el último de los números, el 4-5, apareció en abril de 1942. Los contenidos de la revista reflejacan claramente los intereses y precocupaciones de su director y alma mater. Muchos de los temas que aparecen esbozados en estas páginas, posteriormente serán desarrollados por este inquieto intelectual navarro. A modo de ejemplo podemos mencionar la sección “Breve diccionario enciclopédico vasco” que ya anuncia la que sería una de las más ambicionas tareas que desarrollaría Bernardo Estornés: la elaboración de una gran enciclopedia vasca. En la misma línea, en estas páginas encontraremos temáticas tan diversas como la litetatura, la música, la creación, la geografía, el derecho, la historia…

En lo que se refiere a colaboradores, la nómina es impresionante: Manu de la Sota, Jesús de Galíndez*, José Antonio Aguirre*, Resurrección María de Azcue, Jesús María de Leizaola*, Manuel de Irujo*, Alfonso Reyes, Jesús de Zabala, Justo de Mokoroa, Orixe*, Pierre Lhande… Con todo la firma más habitual, a menudo oculta bajo diversos seudónimos, es la del director de la revista y la de su hermano Mariano Estornés*.

La revista, con cerca de cien páginas, se dividía en numerosos bloques temáticos. Así, en el primer número, después de varios textos de contenido político, encontramos las siguientes secciones: Naturaleza, Individualidad, Cultura Social, Cultura Artística, Colectividad, Sobrenaturaleza, Noticiario Mensual, Cables cruzados y, finalmente, Breve Diccionario Enciclopédico Vasco. En cada uno de estos bloques podía haber un único texto o varios en función de las colaboraciones o del interés de la temática. No obstante hay que señalar no todas estas secciones se repiten en todos los números ya que en concreto las tres úlitmas tienen un carácter más aleatorio. Como se puede observar, la naturaleza de las distintas secciones nos muestra claramente la tendencia organizadora de Bernardo Estornés quien estructura el conocimiento desde el estudio del entorno exterior, al individuo, la cultura y el grupo hasta las concepciones de tipo religioso.

Respecto al diseño de la publicación hay que destacar que ésta era muy austera, con muy escasas ilustraciones. La explicación de este hecho hay que buscarla en la carencia de medios materiales y de fuentes de información con la que los hermanos Estornés enfrentaron la tarea de la revista, carencia que se evidencia en la total ausencia de publicidad. Hay que destacar además que la desaparición de Batasuna trajo consigo una nueva revista, de carácter más marcadamente político y alineado con el Partido Nacionalista Vasco, Euzkadi*, cuyo primer número apareció en 1943, publicándose hasta 1949.

La consulta de esta publicación no era demasiado sencilla hasta ahora ya que son muy pocos los ejemplares conservados. Afortunadamente, en 2007 el Gobierno Vasco ha procedido a la publicación en DVD de los cinco números de la revista.

José Ramón Zabala

-Batasuna. Reprodución digital en: IRIGOYEN, Alberto y Adriana PATRÓN: Hemeroteca de las diáspora vasca 01. Urazandi Digital, volumen 4, DVD nº5. Gobierno Vasco. Gasteiz, 2007.
-ZABALA AGIRRE, José Ramón: “Los hermanos Estornés lasa: cimientos para una nueva cultura vasca” en José Angel ASCUNCE y María Luisa SAN MIGUEL: Los hijos del exilio vasco: arraigo o desarraigo. Colección Actas. Editorial Saturrarán, Donostia, 2004. Pp.381-400.

BOLETÍN DEL INSTITUTO AMERICANO DE ESTUDIOS VASCOS,

Fotografía de BOLETÍN DEL INSTITUTO AMERICANO DE ESTUDIOS VASCOS
Buenos Aires

Al amparo del llamado Instituto Americano de Estudios Vascos, surge en Buenos Aires, en 1950, una publicación de gran importancia en el desarrollo cultural vasco de posguerra, tanto por su larga existencia, cuarenta y tres años, como por la calidad de sus colaboradores. El germen de este proyecto fue una propuesta realizada por Andrés de Irujo de crear una institución que velase por el estudio de la historia y de la cultura del País Vasco. Esta propuesta complementaba su otra gran iniciativa, la de la Editorial Vasca Ekin. Como resultado de la propuesta, el 20 de julio de 1943, en plena guerra mundial y en un país adepto a los nazis, se daba a conocer el nuevo Instituto, en el cual se confundían los nombres de los exiliados con los de importantes personalidades argentinas de ascendencia vasca.

Andrés no descansaba. El 20 de Julio de 1943, en Buenos Aires “captadora vigilante de las nobles inquietudes europeas entre las que se cuentan las del pue¬blo euskaro en torno a su propia historia y lengua” nació el Instituto Americano de Estudios Vascos, la otra gran labor que le debemos porque aunque hubo mucha gente implicada en la tarea, el empeño y el seguimiento fueron íntegramente de Andrés. Los firmantes eran los siguientes: Enrique de Gandía, Justo Gárate, Andrés María Irujo, Elpidio Lasarte, Gabino Garriga, Bonifacio de Ataun, Miguel de Alzo, Francisco Madina, Isaac López Mendizabal, Félix Liozaga, Leo Goiti, Pedro de Basaldúa, Eulogio Ayanz, Ildefonso Gurruchaga, Carlos Cucullu. Posteriormente otros nombres se inluirían en la nómina del Instituto: Nicolás Esandi, Santiago Cunchillos, Pedro Echeverría, Rómulo Zabala, Francisco Basterrechea, Vicente Amezaga y Juan León Cruzalegui. Para el logro de sus objetivos la nueva institución monstraba su disposición a la organización de conferencias, jornadas, congresos de estudios, edición de obras y toda clase de publicaciones. En agosto de ese mismo año se aprueban los estatutos de la nueva entidad, redactados por Gandía, Ayanz, Irujo y Lasarte, y se nombra como Presidente a Nicolás Esandi, obispo de Viedma; a su muerte, en 1948, le sucedería Antonio Sagarna. En general, es muy llamativa la presencia de personalidades del mundo religioso tanto en el Instituto como en su posterior Boletín. Las Vicepresidencias recaerían en Elpidio Lasarte y Justo Gárate, mientras Andrés Irujo se hacía cargo de la Secretaría de Actas. Los socios fundadores ascendían a 22 y el Instituto debía constar por disposición estatutaria de 42 miembros numerarios, vitalicios, con voz y voto. Por este motivo se eligieron nuevos miembros: Juan José Guaresti, Juan José Espene (presidente del Centro Vasco-Francés), José Urbano Aguirre, Esteban Ochoa (presidente del Centro Vasco. Argentino “Gure Etxea”), Salvador Oria, Guillermo Leguizamon, Antonio Sagarna, Michel Iriart, Saturnio Zamborain, Adolfo Bioy, Diego Joaquín Ibarbia, Noel Iribas, Pedro Mendiondo, José María Sarobe, Félix E. Etchegoyen, Ramón Mendizabal, José Guisasola, Carlos Alberto Erro, Antonio Lascurain, e Isidoro Fagoaga.

La iniciativa del Boletín fue una de las primeras en plantearse. Sin embargo, su puesta en marcha debió retrasarse en varias ocasiones como consecuencia de la penuria impuesta por la situación internacional, el escaso presupuesto con que contaba la nueva entidad y la carestía de la impresión. De hecho, el Boletín con su aparición permitió dar salida a numerosos trabajos de las distintas comisiones del instituto que hubieran debido editarse en formato de libro. Es más, alrededor de una veintena de publicaciones de la Editorial Ekin vieron previamente la luz en las páginas del Boletín.

El primer número del Boletín muestra como fecha la de abril-junio de 1950. Su formato será siempre el mismo hasta su desaparición en 1993, 26×20, formato de libro de bolsillo. Era un tamaño manejable que facilitaría su difusión clandestina y por correo Respecto al número de páginas, en los primeros años serán 64, 48 a partir de 1957. La portada siempre fue igual, una portada espartana que simplemente recogía el nombre de la publicación y un grabado de un dios indio y un árbol de seis ramas con la inscripción “Gurea berritzen” (Renovando lo nuestro). En el interior, en la primera página, el lema del Instituto: “Ustea ez da jakitea” (Creer no es saber), una auténtica declaración de principios. La aparición de la revista era trimestral, con una tirada de quinientos ejemplares, distribuidos en Argentina y el País Vasco a ambos lados de la frontera.

El Boletín conocería tres directores, el primero de ellos el sacerdote Gabino Garriga, centrado sobre todo en la recopilación bibliográfica. En 1964 le sustituyó el también sacerdote Bonifacio de Ataun. Finalmente la dirección va a recaer en Andrés Irujo quien había sido siempre el auténtico impulsor en la sombra de la publicación. La administración era la misma de la Editorial Ekin en la calle Perú 175, oficina 11, Buenos Aires.

El contenido del Boletín se organizaba siempre de manera similar. Una presentación o editorial sin firma que, normalmente hacía hincapié en alguna efeméride, y a continuación los trabajos de los colaboradores de la publicación. Nombres como el lehendakari José Antonio Agirre, Jesús de Galíndez, Pedro de Basaldúa, Isidoro de Fagoaga, Justo Gárate, Isaac López de Mendizabal, A. Laskurain, Gabino Garriga, Eneko Mitxelena, Iñaki Azpiazu, Idefonso Gurruchaga, Claudio Sánchez Albornoz, Michel lriart, Jokin Gamboa Eugene Goyeneche, Enrique de Gandía, José Miguel Barandiaran, Julio Colombises, Víctor Ruiz Añibarro Juan José Guaresti, Cecilia García de Gilarte, Miguel Pelay Orozco, José María Satrustegui, Francisco de Abisqueta William A. Douglas, María Elena Etchverry, Roslyn McFrank, Vicente Amezaga, Arantzazu Amezaga, Pello y Manuel Irujo Ollo, entre otros muchos. Después de las colaboraciones que si eran extensas se publicaban en partes, el Boletín mantenía su sección de “Libros y Revistas” donde se reseñaban obras de actualidad publicadas en Euskadi, todas las de Ekin, y sumarios de las revistas de cultura vasca; a continuación se recogía el apartado de “Informaciones” con las actividades de los Centros Vascos, de la Academia de Lengua Vasca-Euskaltzaindia y de las conferencias relacionadas con el País Vasco que se impartían tanto en Argentina como en otros países. que se dan sean en Argentina como en Venezuela o en México o en Euskadi. Finalmente, el “Inventario Bibliográfico Vasco (1892-1950)” cerraba la revista; se trataba de una, ambiciosa obra de archivo bibliográ¬fico que inició Gabino Garriga y que, más tarde, continuó Andrés Irujo. Al final de cada año, en el último número, se presentaba un “Índice” de temas y autores recogidos en el Boletín. Hay que mencionar también que, con el tiempo, hubo de incluirse una página necrológica en la contraportada de la revista para dar cuenta del fallecimiento de personalidades ligadas a la iniciativa. Esta sección la escribía también Andrés Irujo.

Respecto a la financiación de la revista, ésta fue siempre deficitaria. La escasa publicidad no permitía sufragar los numerosos gastos de publicación y, sobre todo, de distribución que generaba ésta. En los momentos en los que la Editorial Ekin logró algunos beneficios, permitieron una situación más desahogada para el Boletín. Por lo demás eran los ingresos de las suscripciones y las aportaciones de la colonia vasca las que permitieron que el Boletín siguiera adelante hasta que la enfermedad de su principal impulsor, Andrés Irujo, obligará a acabar con el proyecto en 1993.

Esta publicación no ha sido reeditada pero se conservan varias colecciones completas en las principales bibliotecas vascas.
José Ramón Zabala

ESTUDIOS
-AMÉZAGA IRIBARREN, Arantzazu: “Andrés Irujo Ollo. El documentalista vasco del exilio” en VV.AA.: Sesenta años despues. Euskal Erbestearen Kutura, tomo II, Editorial Saturrarán, Donostia, 1999, pp.259-284.
-ZABALA, José Ramón: “Aproximación a la hemerografía del exilio vasco” en VVAA: La Cultura del Exilio Vasco II. Donostia, Editorial José Angel Ascunce, 1994, pp.90-93.

EUSKALTZALEAK, aldizkaria

Fotografía de aldizkaria EUSKALTZALEAK

EUSKALTZALEAK es una de las pocas publicaciones en lengua vasca que aparecieron en el exilio vasco, si bien hay que destacar que no solo fue fruto del trabajo de quienes huían de la victoria franquista sino que en el proyecto participaron de forma activa miembros de la diáspora vasca en Argentina.

Euskaltzaleak, “simpatizantes del euskara”, nace como consecuencia del trabajo de una comisión del mismo nombre constituida en  el 25 de agosto de 1945, en el seno de la asociación Laurak Bat de Buenos Aires. Antes había existido un núcleo interesado en la enseñanza del euskara, en el que destacaba la figura de Isaac López de Mendizabal. Los objetivos de la nueva comisión era potenciar el aprendizaje y el uso de la lengua, en un momento muy difícil debido a la persecución genocida que sufría por parte del franquismo.

La revista apareció por primera vez en 1954 y su existencia se prolongará hasta 1960, si bien hay que destacar dos periodos. En el primero, de 1954 a 1956, aparecen trece números de cuatro páginas, en formato tabloide, y es, sin duda, el de mayor calidad literaria. Oficialmente, la dirección de la revista recaía en Iñaki de Azpiazu si bien el verdadero director era el sacerdote Gabino Garriga. En esta primera etapa la publicación se estructuraba con algunas secciones más o menos fijas, algunas de las cuales, por ejemplo, “Andik eta hemendik” (De aquí y de allá), coordinada por “Batek”, tenía una larga tradición en la prensa euskaldun. Otras secciones eran “Gora-berak” (Incidencias), escrita por Antonio de Arza, y “Barriketak” (Charlas), escrita por “Txorierri”. Posteriormente, en 1960, aparece un único número, publicado en ciclostil, que parece ser un intento fallido por recuperar la dinámica anterior y que no tuvo continuidad.

Como hemos indicado, el funcionamiento de la revista estaba directamente ligado a la comisión Euskaltzaleak, promotora como hemos dicho de la reivindicación de la lengua desde el Laurak Bat. Anualmente la comisión celebraba una asamblea a la que, de acuerdo con las informaciones aportadas por la propia revista, asistían alrededor de veinte personas. Pero más allá de estas reuniones propias de lo que pudiera ser consecuencia de la burocracia organizativa, funcionaba una comisión semanal que se reunía los sábados por la tarde y cuyo objetivo fundamental era practicar el euskara. Existía una voluntad no solo por publicar sino también por generar un espacio de desarrollo para el euskara, una especie de grupo de “mintza-praktika” (práctica hablada), base sin la cual no tenía demasiado sentido generar material escrito. Las llamadas a incorporarse en el grupo fueron constantes en todos los números de la revista.

Respecto a las personas colaboradoras de la revista, la relación es realmente interesante, con figuras como el ya mencionado Gabino Garriga, Benito Montoya, Kintin Muxika Oiarbide, Joaquín de Gamboa, Antonio de Arza Llona “Torkatiko”, Koldobika Ormaetxea, Mikel Zarate… Junto a las firmas procedentes de Argentina, existía una pequeña red de colaboradores que alcanzaba a otros países americanos y a Europa, con figuras como  Antonio Iturriotz Urizar, desde México, Norbert Tauer, desde Chequia, Bingen Etxezarraga “Zidorra”…

Como ha sido habitual durante muchos años, el eje temático de estas publicaciones era la propia lengua vasca, su apología, situación agónica, vivencias personales relacionadas con el idioma, o la crítica a tópicos como el de su supuesta dificultad para ser aprendida. Por otra parte, Euskaltzaleak recogía contenidos habituales en las  publicaciones impulsadas por las Delegaciones del Gobierno Vasco en el exilio o por el nacionalismo vasco en general. El ensalzamiento de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, en cuyo día se celebraba el día del euskara, festividades del calendario religioso, recuerdos de la guerra civil, bertsos como los de Juan Basurko “Uranzu”,  y poemas, recuerdo de grandes figuras del mundo cultural vasco como Juan Crisóstomo Arriaga, Axular, Bernat Etxepare, este último referencia constante al tratarse del primer autor conocido en lengua vasca (“Heuskeldun den gizon orok altxa beza buruia”, esto es, que todo hombre euskaldun levante la cabeza), Sabino Arana Goiri, noticias de la comunidad vasca en Argentina, fallecimientos de personalidades de la comunidad vasca…

El último número de la revista tiene fecha de octubre-diciembre de 1960. Habían pasado más de cuatro tras la aparición del último número de la etapa anterior (mayo-julio de 1956). En aquel último número nada hacía presagiar el posterior silencio, silencio que el número de 1960 apenas rompería ya que no tuvo continuidad. Desconocemos las causas de este hecho pero lo cierto es que la nueva etapa se iba a caracterizar por la carencia de medios. No cabe duda de que uno de los principales motivos de su desaparición fue la imposibilidad económica de seguir con el proyecto.

                                                                                                                     José Ramón Zabala

BIBLIOGRAFÍA

-Ezkerro, Mikel: Historia del Laurak Bat de Buenos Aires. Colección Urazandi, nº9. Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2003.

-Legarreta, Josu – Patrón, Adriana e Irigoyen, Alberto: Hemeroteca de la diáspora vasca 01: Prensa americana y de otros países. Colección Urazandi Digital nº1. Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2007.

-Zabala, José Ramón: “La revista Euskaltzaleak, isla del euskara en Argentina”. Guregandik. Revista del centro de estudios Arturo Campión. Nº11, 2015, pp. 61-72.

EUZKADI,

Fotografía de EUZKADI

EUZKADI, revista

Euzkadi, escrito con grafía anterior a la unificación de la lengua vasca, se trata de una cabecera íntimamente ligada a la historia del Partido Nacionalista Vasco. Esta publicación, editada siempre en euskara y castellano, ha conocido muy diversos avatares e, incluso, ediciones paralelas durante el exilio, siempre como órgano de información de la citada formación política.

La primera publicación con este nombre aparece en Bilbao, en 1901, de la mano del propio Sabino Arana Goiri, primer ideólogo del nacionalismo vasco. La misma se acompañaba de la denominación “Revista trimestral de ciencias, bellas artes y letras”, si bien todos los temas eran tratados con una clara intencionalidad política e ideológica. La revista desapareció tras publicarse cuatro números. Cuatro años más tarde vuelve a reaparecer, dirigida esta vez por Luis de Eleizalde primero, y por José María Goya más tarde, hasta su desaparición en 1914. En esta etapa colaboraron firmas que luego tendrían parte muy activa en el diario del mismo nombre, como Engracio de Aranzadi y Ebaristo Bustintza “Kirikiño”, además del propio Goya.

El periódico Euzkadi aparece por primera vez en Bilbao, el uno de febrero de 1913, bajo el lema “Jaungoikoa eta Lagi-Zaharrak” (Dios y Fueros). Anteriormente se habían ido publicando cuatro boletines, uno para cada territorio foral (Bizkaitarra, desde 1893, Gipuzkoarra, 1907, Napartarra, 1911 y Arabarra, 1912); el exito de estas publicaciones impulsó a los dirigentes del PNV a plantear la necesidad de un medio de comunicación diario, común para todo el País Vasco peninsular. Surge así Euzkadi, tras tres años de discusiones y preparativos, con ayudas económicas de militantes del partido, en especial la familia Sota y Victorina Larrinaga, así como con la venta de obligaciones. A pesar de la fuerte competencia existente en la época, el nuevo periódico pronto alcanzó una importante tirada, sobre todo en Bilbao, alcanzando los diez mil ejemplares diarios. Su director era el oblato benedictino Engracio de Aranzadi, y Alfredo Etxabe su redactor-jefe. Kirikiño era el responsable de los textos en lengua vasca, siendo la primera vez que el euskara encuentra un hueco en la prensa diaria. En 1928 Pantaleón Ramírez de Olano pasa a ocupar la dirección del periódico. Un año más tarde fallece Kirikiño quien fue sustituido por otros dos grandes de la literatura vasca contemporánea: Nicolás Ormaetxea “Orixe” y Esteban Urkiaga “Lauxeta”; el dato nos da idea de la importancia que había alcanzado este diario dentro del mundo cultural en lengua vasca.

Con la guerra civil y en un intento por mantener vivo el patrimonio nacionalista, Euzkadi se traslada a Barcelona. En la capital catalana se editará bajo la dirección de José Luis de Lombana, con la colaboración de Antonio Gamarra, de diciembre de 1937 a enero de 1939, año en que desaparece ante la cercana ocupación franquista. A lo largo de la etapa barcelonesa el diario incorpora textos en catalán.

En el exilio la cabecera Euzkadi dará nombre a diversas publicaciones nacionalistas. Así, en agosto de 1942 aparece una revista con este nombre en Caracas. Impulsada por el Centro Vasco de esta ciudad, su primer director fue Juan Iturbe. Más tarde destacan entre sus responsables y colaboradores los nombres de José Estornés Lasa, Genaro Egileor “Atxerre” y Martín de Ugalde. Esta publicación desaparece en 1950, si bien la cabecera reaparecerá en 1972, en formato de revista, siempre de la mano del PNV. En Chile Euzkadi nace en junio de 1943. Su director es Simón Ciriano Santamaría. Entre sus colaboradores destacan los hermanos Estornés Lasa, Santiago Zarranz, Francisco Gorritxo, Andoni de Astigarraga y Manu de la Sota. Su andadura finaliza en abril de 1949.

En lo que se refiere al País Vasco, a partir de 1947 se siguió editando Euzkadi, de manera desigual dadas las circunstancias. Posteriormente, a partir de 1968, se editará en Baiona hasta 1976, introduciéndose de manera clandestina en el interior. Una vez muerto Franco Euzkadi pasó a editarse en Bilbao, ya de manera legal, manteniéndose como revista dirigida a la militancia del PNV, con contenidos fundamentalmente doctrinales y publicitarios.

José Ramón ZABALA

BIBLIOGRAFÍA:

-DÍAZ NOCI, Javier: Euskal prentsaren sorrera eta garapena. Donostia, Eusko Ikaskuntza, 1995, pp. 182-270.
-EUZKADI: Mongráfico especial número 100. Bilbao, 2 de noviembre de 1978, 60 pp.
-ZABALA, José Ramón: “Aproximación a la hemerografía del exilio vasco (1936-1960)”. La Cultura del Exilio Vasco II, Colección La Cultura del Exilio Vasco, Donostia, J.A. Ascunce editor, 1994, pp.71-128.

EUZKADI EN CATALUÑA,

Foto No Disponible

EUZKADI EN CATALUÑA, revista

En 1936 un grupo de refugiados vascos en Barcelona, donde existía una importante colonia vasca, constituye la Delegación de Euzkadi cuyo primer secretario fue el catalán Ricard Altaba Planuc. Dentro de la Delegación existía un Servicio de Propaganda dirigido por E. Díaz de Mendívil que sería el responsable de una emisora de radio, la DEC1, y de Euzkadi en Cataluña, revista aparecida el 12 de diciembre de 1936. Bajo la dirección de Ramón Auz, será una publicación semanal de clara orientación republicana y vasquista, de la que aparecerán cincuenta y dos números, el último de ellos el 4 de diciembre de 1937. Sus contenido eran fundamentalmente políticos y de información general para los refugiados vascos, con textos sobre todo en castellano pero también en euskara y catalán. Entre sus colaboradores destacan José María Lopetegui y Juan Ezenarro “Txori txiki”.

JRZ

Bibliografía sobre Euzkadi en Cataluña:

-Ruiz de Gauna, Adolfo: Catálogo de publicaciones periódicas vascas de los siglos XIX y XX. Eusko Ikaskuntza, Gobierno Vasco, Gasteiz, 1991.

-Zabala, José Ramón: “Aproximación a la hemerografía del exilio vasco. 1936-1960” en La cultura del exilio vasco II. Colección “La Cultura del Exilio Vasco”, nº2, José Angel Ascunce editor, Donostia, 1994.

EUZKO DEYA,

Fotografía de EUZKO DEYA
París, Londres, Mexico, Buenos Aires

La cabecera periodística Euzko Deya (Llamada vasca) consituye un auténtico punto de referencia en la historia y la mitomanía del Partido Nacionalista Vasco a lo largo del exilio e, incluso, en nuestros días ya que no se debe olvidar que el diario más próximo a esta formación política siguen denominándose Deia, en grafía del vascuence unificado. De hecho, desde la guerra civil a nuestros días, y siempre directamente vinculada a las funciones de las Delegaciones del Gobierno Vasco, la citada publicación desarrolló cuatro ediciones diferentes en el exilio, en París, Londres, Buenos Aires y México.

Sin embargo, Euzko Deya ve la luz por vez primera en Bilbao, en 1916. Se trataba entonces de una publicación íntegramente escrita en euskara y vinculada a las juventudes del PNV, Euzko Gastedija. Con distintos avatares se publicó de manera mensual hasta 1923. Posteriormente, tendrían que transcurrir trece años para que la cabecera volviera a ser utilizada, esta vez en París, en unas circunstancias y con unos objetivos muy distintos a los iniciales.

En el verano de 1936 llega a la capital francesa, huyendo de los franquistas, Rafael Picavea, diputado a Cortes y periodista, propietario del diario donostiarra El Pueblo Vasco y de ideología próxima al PNV; Picavea se responsabiliza desde un principio de los asuntos vascos en esta ciudad. Poco después, en octubre del mismo año, es confirmado como delegado del Gobierno Vasco recien constituido en Gernika. A partir de este momento desarrolla una intensa tarea política y de propaganda dentro de la cual ocupó un lugar destacado el periódico Eusko Deya que iniciaría su nueva andadura el 29 de noviembre de 1936. Dirigido por Felipe de Urcola, director del donostiarra El Pueblo Vasco hasta su desaparición al inicio del conflicto, la nueva publicación iba a tener inicialmente una periodicidad bisemanal; más tarde, a partir del 4 de julio de 1937, las dificultades económicas obligaron a transformarlo en semanario. La carencia de medios se hacía evidente también en su pobreza de elementos gráficos.

Nacía Euzko Deya con una clara vocación propagandística. Así se justificaba el lema “La Voz de Euzkadi. La Voix des Basques” que acompañaba la cabecera de un periódico creado como forma de contrarrestar la ofensiva ideológica, desatada por los golpistas contra el conjunto de las fuerzas republicanas con el fin de evitar una intervención internacional en el conflicto. En este sentido, Euzko Deya iba dirigido a un público más amplio que los núcleos vascos exiliados; así lo demuestra la importante presencia de artículos escritos en francés, en aumento a medida que avanzaba la guerra en la península. En lo que a su estructura se refiere, Euzko Deya mantenía la organización característica de un periódico, con una primera plana que recogía la actualidad política y social del país en guerra y, en su interior, distintas secciones (“Baiona’tik” -Desde Baiona-, “Naskaldiya” -Tiempo repugnante-, “Hojeando la prensa adversa”), comentarios, reportajes, artículos de opinión, hemeroteca y publicidad. Buena parte de estos trabajos aparecían sin firma o con distintos seudónimos: Oiz-Mendi, Txori Txiki (Juan Ecenarro), Nikasio, Abertzale, Atarrene, Gudaritxu, Donibanekoa y un largo etcétera.

En otras ocasiones, sin embargo, eran firmas de prestigio las que figuraban en las páginas de esta publicación. Podemos mencionar entre las de origen vasco al propio Rafael Picavea, Engracio de Aranzadi (“Miguel de Beotegui”), Policarpo de Larrañaga (“Pedro Duhalde”), el lehendakari José Antonio Aguirre, José María Benegas, José de Ariztimuño “Aitzol”, Iñazio Eizmendi “Basarri”, Isaac López de Mendizabal, Ander Arzelus “Luzear”, Ambrosio Zatarain, Jesús Insausti, Andima Ibiñagabeitia; colaboradores españoles como José María de Semprún y Gurrea, V. Salas Viu, Ossorio y Gallardo, José Bergamín, Leocadio Lobo, J. García Gallego; periodistas europeos como Luigi Sturzo, padre de la democracia cristiana europea, Louis de Brouckère, Paul Vignaux, Louis Martin Chauffier y un largo etcétera a los que hay que añadir las firmas tomadas de otros semanarios y diarios como François Mauriac, colaborador de Le Figaro y Paris Soir, Pierre Dumas de Le Petit Démocrate, Geoffrey Frazer de Ce Soir, además de frecuentes textos de Vendredi, La Croix, La Jeune République y Le Matin entre otros. De la prensa del País Vasco los medios más mencionados son sin duda Le Sud-Ouest y las revistas Euzko Enda y Aintzina.

El común denominador de todos estos colaboradores y escritores lo constituía su credo religioso. En especial, los periodistas extranjeros serán presentados en muchas ocasiones como “Opiniones católicas”. En este mismo sentido, las declaraciones de Pio XII y del clero, en general, ocuparon siempre un lugar destacado en las páginas de la publicación. Las razones que justificaban este hecho hay que buscarlas tanto en la ideología predominante en el Gobierno Vasco, como en la importancia de atraer a la causa vasca a los colectivos de intelectuales católicos europeos. Buena muestra de ello es el dato de que los dos comites franceses de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos fueron presididos por Monseñor Mathieu, obispo de Dax, y el escritor católico François Mauriac respectivamente.

Una vez finalizada la guerra, Euzko Deya de París volverá a aparecer en su segunda época que abarca hasta el año 1942.

Respecto a la edición londinense, ésta tuvo menor importancia debido a la menor presencia vasca en esta ciudad. No obstante, existía desde 1936 una Delegación Vasca a cuyo frente se hallaba José Ignacio Lizaso. Más tarde, en 1939, se incorporaría a la misma Manuel de Irujo. La existencia de dicha Delegación permitió la aparición en 1938 de la versión inglesa de Eusko Deya. The voice of the basques, publicación que en su misma cabecera indicaba ser una traducción de la edición francesa (English edition of “Eusko Deya” París). Dirigida por Ramón de la Sota Mac Mahon, tuvo una existencia efímera pues apenas aparecieron ocho números, de julio a diciembre de 1938, y estos de manera muy irregular.

Las dos ediciones americanas de Euzko Deya aportaron importantes novedades al no responder a la estrategia de la guerra civil sino a la necesidad de unir a los núcleos vascos desperdigados por este continente. La primera en aparecer fue la de Buenos Aires, el 10 de mayo de 1939, bajo la denominación “La Voz de los Vascos en América”. Dirigida en su primera etapa, hasta 1946, por Ramón María de Aldasoro, se trata de uno de los medios de comunicación vasca de más larga existencia en el exilio. Con una periodicidad variable, sobrevivirá a la muerte de Franco, dejándose de publicar en diciembre de 1975, tras la aparición de 668 números. Durante ese tiempo se sucedieron tres directores: al ya citado Aldasoro le siguieron Francisco de Basterretxea (1946-1951), y Pedro de Basaldúa (1951-1975).

El periódico se difundía por toda América y poseía corresponsales y agencias en numerosos paises: Uruguay (Ricardo Guisasola), Chile (Vitoriano García Atxabal, en Santiago; Luis Urkixo, en Valparaíso, y José Luis Elorriaga, en Iquique), Perú (Víctor Andrés Belande), Colombia (Eugenio Gamboa), Cuba (José Luis de Garay), República Dominicana (Eusebio Irujo y Jesús de Galíndez), México (José María de Belausteguigoitia), Estados Unidos (Manu de la Sota, en Nueva York; Jon Bilbao, en Boise, y Juan Bilbao, en Salinas -Michigan-), Filipinas (Ricardo Larrabeiti), Venezuela (Juan de Olazábal), Australia (Alejandro Lekube), Gran Bretaña (José Ignacio Lizaso), Bélgica (Juan María Aguirre y Martín Lasa) y Francia (Pedro María Gárate)”.

Respecto a la categoría de sus colaboradores basta reproducir la relación de los más conocidos, elaborada por Koldo San Sebastián: Jesús de Zabala, Violet Alford, Andrés María de Irujo, Bonifacio Echegaray, Andoni de Astigarraga, Victor Ruiz Añibarro, Alfonso Rodríguez Castelao, Pablo Archanco, Miguel Olano de Alzo, Hilario Olazarán de Estella, Mikel Zárate, Jesús Artola Goikoetxea, Julián Zugazagoitia, Santiago Cunchillos, Miguel José Garmendia, Isaac López de Mendizábal. A ellos se podrían añadir otros como Eulogio Artetxe o Juan León Cruzalegui.

En lo que se refiere a Euzko Deya de México, el órgano oficial de la Delegación vasca apareció el 1 de marzo de 1943, bajo el epígrafe de “La Voz de los Vascos en México”. También en este caso será un medio con una larga continuidad, prácticamente hasta 1971. De carácter mensual, su primer director fue el periodista Francisco Turrillas Bordegaray, figurando como editor el impresor Antonio Ruiz de Azúa Zabalbekoa ‘Ogoñope’, alma de la publicación según Koldo San Sebastián. A partir del número 54, Julio de Jáuregui sustituyó a Turrillas y, a partir del número 79, lo hizo a su vez el heraldista Jesús de Garritz.

En sus contenidos no iba a diferir demasiado de sus homónimos de París, Londres y Buenos Aires, combinando noticias de carácter político con contenidos de información cultural y social. Ello justifica la presencia a lo largo de sus veintiocho años de existencia de firmas tan diversas como Manu de la Sota, Jesús de Galíndez, Pedro de Gringoire, José Luis de Garay, Josep Andreu, Manuel de Irujo, Vicente Amézaga, Pío Caro Baroja, Julio de Jáuregui, Tomás Echave, Telesforo de Monzón, Germán de Iñurrategui, Tomás García, Tomás Bilbao, Luis Ibarra, Antonio Urrestarazu Landazábal, Juan Beistegi, entre otros muchos.

Como se puede comprobar, Euzko Deya a lo largo del franquismo constituyó un auténtico referente de la oposición nacionalista al régimen militar, a la vez que permitió sostener una imagen activa del Gobierno Vasco en el exilio. En este sentido constituye un importante referente histórico y documental, pese a la parcialidad de sus contenidos y opiniones y a su excesiva oficialidad.

José Ramón ZABALA

BIBLIOGRAFÍA:

-EUZKO DEYA:. 1936-1939, edición facsímil, dos tomos, Donostia, Ediciones Vascas, 1979, 898 pp.
-DIAZ NOICI, Javier:
-“Euskal kazetaritza 50eko hamarkadan”, Donostia, Egan, 2001, pp.97-126.
-Euskal prentsaren sorrera eta garapena. Donostia, Eusko Ikaskuntza, 1995, pp.82-88, 249-271.
-ZABALA, José Ramón:
-“Aproximación a la hemerografía del exilio vasco. 1936-1960”. La Cultura del Exilio Vasco II. Editorial José Angel Ascunce. Donostia, 1994, pp.71-128.
-“Hegoalderantz begira. 1936ko euskal erbesteko prentsa Europan”, Donostia, Jakin, nº119, julio-agosto de 2000, pp.77-96.

EUZKO ENDA,

Fotografía de EUZKO ENDA
Angelu

Pese a editarse en el País Vasco continental, esta publicación tuvo una trayectoria claramente ligada al exilio, dado el escaso grado de integración que alcanzaron los refugiados en el territorio labortano, consecuencia sobre todo de la intensa labor de propaganda a favor de los militares rebeldes que desarrolló la derecha francesa en aquellos territorios. No fue, por tanto, una revista de integración cultural de vascos de ambos lados de la frontera sino un esfuerzo aislado de los exiliados del sur, apoyado por el PNV y el Gobierno Vasco en el exilio. Euzko Enda (Raza vasca) surge en enero de 1939, impulsada por el Comité Basque de Secours aux Refugiés y bajo el lema “Boletín mensual dedicado a la unión de la Raza Vasca”. Esta publicación se editaba en la imprenta del Sud Ouest, si bien su administración y redacción se ubicaba en la villa “Endara” de Angelu. En el transcurso de sus dos años de existencia aparecieron quince números, con carácter trilingüe si bien predominaba el castellano. Respecto a su presentación ésta era sencilla, dieciséis páginas con muy escasas ilustraciones, justificándose esta parquedad en el hecho de que los fondos recabados con su difusión eran destinados al Bureau de Recensement de la Race.

Vinculada directamente al aparato del partido nacionalista, Euzko Enda surgía con una clara finalidad cultural, pretendiendo a la vez servir de lazo de unión con los vascos de América y Filipinas. Este carácter cultural fue criticado, en ocasiones, por grupos de vascos residentes en el extranjero y exiliados, sobre todo en Estados Unidos, puesto que consideraban necesario introducir en la revista contenidos más ideológicos y reivindicativos ante la situación de guerra y represión que se estaba viviendo en el país. Sus artículos, en general, pertenecían a especialistas en distintas materias. sí, encontramos A José Miguel de Barandiarán como etnografo, al académico de Euskaltzaindia Juan Gorostiaga como especialista en onomástica, José Javier Leguía, historiador y Director de la revista, Adolfo de Larrañaga, especialista en literatura en lengua castellana, Juan de Eguileor, dedicado a las biografías, Iñazio Eizmendi “Basarri” como bersolari. En ocasiones los nombres de los colaboradores aparecen ocultos bajo seudónimos, como es el caso de “Jakin”, especializado en lengua vasca, “Ibon”, en poesía eusquérica, Ayxerre, filosofía, etc. A este cuadro inicial se unieron posteriormente las colaboraciones de Isaac López de Mendizábal, A. de Olazábal, Rosario Arrizubialde, José Zubimendi, Nicolás Ormaetxea “Orixe”, Benigno de Belaustegigoitia, Jesús María de Leizaola, José Antonio Goiria, Errose Bustintza entre otros. La revista disponía, por tanto, de secciones dedicadas a estas materias junto con artículos sobre heráldica, reportajes en francés, correspondencia, notas, crónicas, hasta un total de quince secciones. También servía como medio de comunicación entre los fugitivos, mediante anuncios y avisos que se recogían en sus páginas. En general, llama mucho la atención la preocupación racial y etimologista de la revista; ambos aspectos son lógicos si se tiene en cuenta que el nacionalismo anterior a la guerra civil había buscado sus señas de identidad no tanto en la lengua o en la cultura como en la diferenciación de raza. No obstante hay que señalar que hasta prácticamente la guerra mundial en toda Europa el concepto de “raza” se confundía a menudo con el de “cultura”. Frecuentemente, los materiales de Euzko Enda eran recogidos también en otras publicaciones, sobre todo en Euzko Deya* de París, medio que realizó una constante labor de difusión de la citada publicación, comentando y ensalzando cada uno de sus números. A diferencia de otras revistas del exilio y a pesar de su indudable interés cultural e intelectual, Euzko Enda nunca ha sido reeditada, siendo en la actualidad una publicación de difícil acceso ya que son escasas las colecciones completas conservadas.

José Ramón ZABALA

BIBLIOGRAFÍA:
-DIAZ NOCI, Javier: Euskal prentsaren sorrera eta garapena (1834-1939). Eusko Ikaskuntza, Donostia, 1995, pp.269-270.
-ZABALA, José Ramón: “Aproximación a la hemerografía del exilio vasco (1936-1960)” en La Cultura del Exilio Vasco II. Colección La Cultura del Exilio Vasco, J.A. Ascunce editor, Donostia, 1994, pp.80-81.
-“1936ko euskal erbesteko prentsa Europan”, Jakin, nº119, Donostia, julio-agosto de 2000, pp.80-82.

EUZKO-GOGOA,

Fotografía de EUZKO-GOGOA
Guatemala – Baiona

Publicada durante la mayor parte de su historia en Guatemala, la revista Euzko Gogoa (Pensamiento Vasco) es, sin lugar a dudas, una cabecera emblemática en la historia de la prensa escrita en euskara y un símbolo de su resurgir en la posguerra franquista. Dicha publicación va a estar íntimamente ligada a la tenacidad de un hombre, Jokin Zaitegi. Éste, tras abandonar la Compañía de Jesús y ante la imposibilidad de volver a su país, se autoexilia en Guatemala, en 1944, donde desarrollará una importante labor docente, fundando en 1951 el Liceo Landíbar. Esta institución se constituyó, de alguna forma, en la plataforma económica sobre la cual desarrollará sus distintos proyectos culturales.

Euzko Gogoa aparece en diciembre de 1949, aunque con fecha de enero de 1950, en formato de 30×22’5, tras un largo proceso de gestación y como respuesta a lo que, consideraba Zaitegi, una necesidad inmediata: la de una publicación de carácter intelectual totalmente escrita en euskara que permitiese elevar este idioma a la categoría de lengua culta y hacer viable algún día la tan deseaba universidad vasca. No obstante, hay que señalar que esta revista no fue, como se ha dado a entender en algunos textos, la primera del exilio editada en este idioma (le había precedido Argia, Caracas, 1940), pero sí con mucho la más innovadora y ambiciosa de todo el período. La nueva publicación, de contenidos netamente culturales, en especial literarios, iba a tener carácter bimestral. Para su elaboración Zaitegi distribuyó un escrito, “Asmoa” (Intención), solicitando colaboraciones a gran número de intelectuales y escritores; sin embargo, el proyecto no parecía despertar grandes apoyos y, de hecho, la mayor parte del primer número fue escrito por el propio Zaitegi quien, para ocultarlo, utilizó distintos seudónimos.

La realidad pronto demostró que la voluntad de una sola persona no bastaba para sacar adelante Euzko Gogoa ya que la publicación de la revista suponía un esfuerzo que desbordaba las posibilidades del intelectual guipuzcoano. No sólo debía de encargarse de preparar artículos o de localizar colaboradores, sino también de las correcciones, las suscripciones, las labores de difusión… Así las cosas, Zaitegi se vio obligado a pedir ayuda una vez más. Para ello primero recurrió a Andima Ibinagabeitia quien, residente en Francia, no aceptó en un principio a trasladarse a América, tal y como se lo solicitaba Zaitegi. Casualmente por aquellas fechas, 1950, coincidió que el escritor Nikolas Ormaetxea “Orixe” se encontraba en Sudamérica, recorriendo distintos países; Zaitegi no dejo escapar la oportunidad y le escribió una carta ofreciéndole un puesto en la revista, propuesta que Orixe aceptó de inmediato. Sin embargo, la colaboración entre Zaitegi y Orixe no duró mucho tiempo, apenas seis meses; lo cierto era que ambos intelectuales poseían un carácter muy fuerte y chocaban con facilidad. No obstante esta relación dio sus frutos en distintos trabajos de Orixe que serían publicados en Euzko Gogoa, entre los cuales destacaría el conjunto de coloquios místicos titulado “Quiton arrebarekin” (En Quito con mi hermana). Trasncurrido el mencionado medio año Orixe se traslada a El Salvador quedando de nuevo Zaitegi como único responsable de la revista.

En 1954 y tras las reiteradas llamadas de Zaitegi, llega Andima Ibiñagabietia a Guatemala para hacerse cargo de la dirección de Euzko Gogoa. En aquel momento la publicación tenía ya una cierta entidad y existía un mayor número de colaboradores, sin duda lo más destacado del mundo cultural vasco del momento. En contraposición, la situación de la revista era muy inestable y la dirección de Ibiñagabietia no se prolongará más allá de unos meses. Hay que señalar que, pese a las marcadas posiciones tanto religiosas como ideológicas de Zaitegi y de sus colaboradores, la publicación se abrió a muy diversas opiniones y puntos de vista. En realidad, Euzko Gogoa se había convertido en un auténtico escaparate de la cultura en lengua vasca, donde además de los grandes nombres de Orixe, Andima o del propio Zaitegi, podía encontrarse a la nueva generación de escritores que comenzaba a aflorar en el País Vasco, incluso a sus representantes más rupturistas y radicales, escandalosos para muchos, como podían ser Txomin Peillen, Jon Mirande, José Luis Alvarez Enparantza “Txillardegi” o Federiko Krutwig. Como ha afirmado el primero de estos, Peilen, escritor que siempre se ha definido como ateo, Euzko Gogoa “era bastante abierta de ideas y no mezclaba la moral con la literatura”. Nombres como Salbatore Mitxelena, Juan San Martín, Gabriel Aresti, Jon Etxaide, Toribio Etxeberria, Antonio Urrestarazu Landazábal, Norbert Tauer, José Mari Altuna, Jon Mirande, Erraimun Argarate, Txomin Jakakortejarena, Andoni Arotzena “A-Bi”, Estanislao Urruzola, Fernando Artola “Bordari”, Juan Beistegi, Ziriako Andonegi, Jesús Insausti, Julián Alústiza, Salvador Barandiarán, Telesforo Monzón van apareciendo en distintos números de Euzko Gogoa, lo que da una idea de la importancia de esta publicación. Por otra parte, la función cultural de la revista se completaba con una cierta labor editorial que publicaba en forma de separatas diversas traducciones de autores como Shakespeare o los clásicos grecolatinos. Sin embargo el reconocimiento de esta labor no lleva consigo su afianzamiento económico. La publicidad y las personas suscritas son escasas, menos de cuatrocientas, y las cuotas, en ocasiones, difíciles de cobrar. Para entender esto baste señalar que el lector potencial de Euzko Gogoa se encontraba preferentemente en la Península donde la misma era ilegal. Por otra parte, la distribución de la revista por todo el mundo encarecía sobremanera los costes. Como consecuencia de todo ello Euzko gogoa no pudo aparecer a lo largo de 1953.

En 1955 Jokin Zaitegi toma la decisión de trasladarse con su revista a Euskal Herria. Las razones para ello tenían, por una parte, carácter personal, ya que su madre vivía sola en Arrasate (Mondragón); pero por otra pensaba que, tal vez, la pequeña apertura del franquismo permitiría editar Euzko Gogoa allí donde más necesaria era, en el País Vasco, y que con ello daría un nuevo empuje al proyecto. Desgraciadamente, una vez en Gipuzkoa, las dificultades se acumulan. El régimen no ve con buenos ojos la idea. De nada sirve que varios intelectuales como Arrue, José Miguel Barandiarán o Antonio Tovar apoyen la idea; los franquistas obstaculizan su reaparición obligando a Zaitegi a relanzar la revista en Baiona, en el verano de 1956, utilizando para ello el dinero obtenido de la venta del Liceo Landíbar, mientras él se autoexilia de nuevo, esta vez en Biarritz. La nueva etapa de la revista, ahora en formato de libro de bolsillo, se prolongará cinco años, hasta 1960. La realidad sociológica del país empieza a cambiar y se inicia el declive de los hasta entonces auténticos santones de la cultura vasca. La necesidad de unificar el idioma, la progresiva radicalización de la juventud, la aparición de otras publicaciones en el interior, las nuevas ideologías y las críticas hacia la iglesia católica marcan a una nueva hornada de intelectuales que discrepan del purismo linguístico y del tradicionalismo que había caracterizado a la generación anterior. Es el fracaso definitivo del proyecto de Zaitegi cuya labor todavía hoy es insuficientemente valorada en el País Vasco.

José Ramón ZABALA

ESTUDIOS:
-DÍAZ NOICI, Javier:
-“Euskal kazetaritza 50eko hamarkadan”, Donostia, Egan, 2001, pp.97-126.
-Euskal prentsaren sorrera eta garapena. Donostia, Eusko Ikaskuntza, 1995, pp.268-271.
-IBIÑAGABEITIA, Andima: Erbestetik barne minez. Gutunak (1935-1967). Edición de URKIZU, Patri, Susa argitaletxea, Iruñea, 2000, 331 pp.
-INTXAUSTI, Joseba: “Euzko Gogoaren lankideak”. Donostia, Jakin, nº12, octubre-diciembre de 1979, pp.121-138.
-”Zaitegi eta Euzko Gogoa. Hamar urteko lana (1950-1959)”. Donostia, Jakin, nº13, enero-marzo de 1980, pp.96-119.
-VELEZ DE MENDIZABAL, Josemari: Iokin Zaitegi. Usurbil, Imprenta Izarra, 1981, 225 pp.
-ZABALA, José Ramón:
-”Aproximación a la hemerografía del exilio vasco”. La Cultura del Exilio Vasco II. Donostia, Editorial José Angel Ascunce, 1994, p.104-107.
-“Hegoalderantz begira. 1936ko euskal erbesteko prentsa Europan”, Donostia, Jakin, nº119, julio-agosto de 2000, pp.77-96.

FICCIÓN,

Fotografía de FICCIÓN

Ficción. Revista-libro bimestral
Con formato de libro y bajo el lema de “libro-revista trimestral” (si bien la periodicidad varió a lo largo de los años) el primero número de Ficción vio la luz en Buenos Aires con fecha de mayo-junio de 1956. Bajo la dirección del escritor vasco Juan Goyanarte* la publicación apareció durante siete años. Ideológicamente, la publicación se definía abiertamente como liberal, en opinión de diversos críticos como más abierta y plural que Sur, revista que en cierto modo que tomó como primer modelo Juan Goyanarte. Dentro de este esquema, la revista mostró siempre un gran interés en denunciar la barbarie nazi, los campos de concentración, la represión de las ideas, la lucha de la resistencia. La estética de la publicación se mantuvo con muy escasas variaciones a lo largo de su existencia, un diseño caracterizado por la austeridad y la escasez de ilustraciones. A lo largo de todos sus números Ficción se organizó en torno a tres bloques. En el primero se recogían anuncios de distintas editoriales con sus novedades más destacas; editoriales como Losada, Fondo de Cultura Económica, Emecé o Sur utilizaron de manera habitual las páginas de la revista para dar a conocer sus catálogos. En un segundo bloque se recogían artículos de diverso contenido, narraciones breves, comentarios críticos y, en ocasiones, entrevistas con escritores colaboradores de Ficción. En un tercer bloque figura una relación de las novedades recibidas en la redacción y breves comentarios críticos sobre todo de libros pero también de discos y exposiciones de arte. Respecto a la tirada de la revista, ésta debía de rondar en sus comienzos los tres mil ejemplares que llegaron a ser cinco mil una vez que la misma se hubo asentado. Respecto a su distribución ésta se dirigía de manera preferente a bibliotecas, centros universitarios y asociaciones culturales.

En lo que se refiere a sus colaboradores, estos componían una extensa nómina de escritores, mayoritaramente argentinos y, en menor medida, latinoamericanos. A modo de ejemplo podemos destacar nombres como Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Ezequiel Martínez Estrada, Carmen Gándara, Augusto Roa Bastos, Mirta Arlt, Manuel Mújica Lainez, Clarice Lispector, Adela Grandona Aristóbulo Echegaray, Juan Carlos Ghiano, Gloria Alcorta, Enrique Anderson Imbert, Pablo Rojas Paz, Beatriz Guido… También colaboraron en Ficción algunos escritores españoles; entre los exiliados la presencia de Guillermo de Torre* que fue constante en los primeros años de la revista. Otras figuras del exilio que escribieron en Ficción fueron María Teresa León* y Francisco Ayala*; también eran de origen español autores como Guillermo Orce-Remis, Guillermo de Castro, Ricardo Gullón… La importancia de este conjunto de firmas no fue casual: se puede asegurar que la publicación alcanzó un rápido prestigio. Buen ejemplo de esta importancia fue la polémica entre Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato en las páginas de Ficción, a proposito de haber acusado Borges a Sábato de colaborar con la recién derrocada dictadura argentina. La respuesta de Sábato fue fulminante.

Respecto a la línea editorial, la revista se centró de manera preferente en promocionar el cuento latinoamericano, género al que dedicó incluso varios números monográficos. Sin duda la cumbre de esta reivindicación la supuso el número 24-24 de 1960 cuyo título es de por sí explícito: “Panorama del cuento argentino contemporáneo: 30 cuentos”. Otros números monográficos se centraron en las Letras de Uruguay (nº5 de 1957 y nº11 de 1958) y “Letras de Brasil” (nº39 de 1962). El otro gran género desarrollado en la revista fue el ensayo en todas sus variedades: testimonios, crítica literaria, reflexiones filosóficas, apuntes literarios. En toda su historia Ficción mostró también un gran interés en mostrar la actualidad de las letras en diversos lugares del mundo. Secciones como “Letras francesas”, “Letras inglesas”, “Letras italianas” fueron habituales en la revista; el epígrafe de “Letras españolas” no fue tan frecuente y casi siempre se planteó desde una perspectiva muy crítica con respecto a la cultura española del momento, dando a conocer su pobreza como consecuencia de la guerra civil y la censura. Sí se resaltó, por ejemplo, el teatro de Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre en un artículo titulado “Teatro catacúmbico”, la novela de Juan Goytisolo o la obra de grandes autores de la España Republicana como Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez* o Federico García Lorca.

Con el paso de los años estas características aquí esbozadas no sufrieron grandes cambios. Se introdujeron pequeños cambios de diseño, se abrió un apartado para la participación de los lectores, se amplió el espacio dedicado a la música, las artes plásticas y el cine, pero en conjunto se mantuvo fiel al esquema inicial. El cambio más profundo se produjo como resultado del retiro de Goyanarte de las tareas de dirección de la revista, pasando ésta a manos del escritor Victor Sáiz y del filósofo Rodolfo Seijas. El cambio se produjo con el número 43 de mayo-junio de 1963; en ese número la revista adopta el subtítulo de Revista de las Artes y las Letras, adapta a los tiempos su diseño, introduciendo la fotografía desde la misma portada, pero perdió mucho de su pluralismo, convirtiéndose sobre todo en un medio de promoción de sus nuevos redactores. El resultado es que Ficción apenas subsistió unos pocos números, cuatro, hasta febrero de 1964. En la actualidad el acceso a la colección completa de la revista en las bibliotecas peninsulares no es fácil si bien su venta en librerias de libro viejo es relativamente frecuente. Una ausencia difícil de entender dada la inportancia intelectual y renovadora de aquella publicación, pionera en muchos temas.

José Ramón Zabala

ESTUDIOS:
-MATAMORO, Blas: “Ficción”. Ricardo Gullón (Director): Diccionario de la literatura española e hispanoamericana. A-M. Primer tomo. Madrid: Alianza Diccionarios, 1993: 546.
-ZABALA, José Ramón: “Ekin: una luz en el túnel (Las editoriales del exilio)”. La cultura del exilio vasco II. Donostia: J.A. Ascunce editor, 1994 (137-138).
.- “Juan Goyanarte, bide berriak kultura latinoamerikarrean”. El exilio: un debate para la historia y la cultura. Colección Actas. Donostia: Editorial Saturrarán (2008).

GERNIKA,

Fotografía de GERNIKA
Donibane-Lohizune – Buenos Aires

Esta publicación, una de las más destacadas del exilio vasco, surge con el final de la II guerra mundial, en el contexto de una progresiva recuperación de los medios culturales en el País Vasco continental tras la derrota alemana. Dicho resurgir viene impulsado además por el retorno de muchos intelectuales fugitivos que, ante la imposibilidad de regresar a la Península, se establecen en el norte del País Vasco.

El devenir de esta nueva revista estará ligado a una asociación que adopta distintas denominaciones, las más frecuentes Instituto Vasco de Extensión Cultural y/o Agrupación Popular Gernika, cuyo inicial impulsor fue el conocido periodista Rafael Picavea. El citado grupo había iniciado su andadura en 1943, en la línea del pensamiento cristiano de Jacques Maritain, en, “una patriótica labor de fomento y difusión de las letras, de los conocimientos de la historia y de la etnología del país, de las ciencias sociales y políticas, etc.”, tal y como señalará más tarde Picavea en la presentación del primer número de la revista. El objetivo de esta labor es fundamentalmente educativo, puestos los ojos en la juventud que viene. “Educación a tono con el progreso moderno, inculcando en el pueblo el más hondo sentido de justicia y tolerancia. La tolerancia santa que haga posible el convivir pacífico de los ciudadanos, no obstante su distinta manera de pensar. Humanismo, en suma”. La fundación oficial de la nueva entidad se produjo en 1944, en el Hotel de la Poste de Saint-Jean-de-Luz.

El primer número de Gernika aparece con fecha de octubre-noviembre de 1945, en la mencionada población labortana; hay que señalar que tanto este primer número como los seis siguientes presentan un error tipográfico en la cabecera donde se puede leer Guernika, en lugar de Gernika. En todo momento queda claro que la razón que justifica la elección de este nombre es responder a la barbarie perpetrada contra la villa vizcaína, bombardeada por la aviación alemana en 1937. Aquella primera experiencia de Picavea fracasó, al parecer, por diferencias ideológicas con otros sectores nacionalistas más radicales, “ahogado por un cierto partidismo totalitario (…). Para esos señores fue un escándalo el que un puñado de vascos hubieran constituído una entidad apolítica en la cual los partidismos quedarán supeditados al sentimiento moral y humano”. Son las razones que se señalan en una declaración de principios del grupo con que se abriría el segundo número de la revista. Entre uno y otro habían transcurrido tres años, intervalo durante el cual falleció Picavea (1946).

Gernika reaparece, por tanto, en enero de 1948. En el primer número de esta nueva etapa los editores, fundamentalmente Isidoro de Fagoaga y, en menor medida, Juan Thalamas Labandibar, dejarán muy clara su voluntad de ser continuadores de la obra de su primer impulsor, recogiendo sus ideales de pluralidad y humanismo. En esta línea, la revista pasa a subtitularse “Cahiers collectifs de culture humaniste” y, más adelante, a partir de septiembre de 1949, “Al servicio del humanismo popular vasco”. Pese a sus afirmaciones iniciales de tolerancia, de respeto y de defensa del pluralismo ideológico, muchas de las opiniones lanzadas desde las páginas de la revista arremeten o marcan distancias con otros proyectos culturales. De esta manera, en el segundo de los números se señala de manera tasativa que Gernika no tiene ninguna relación con entidades como Eusko-Jakintza, dirigida por José Miguel de Barandiarán, o con el Instituto Gernika de Baiona, al cual achacan pertenecer a un único partido político y el carecer de una visión universalista; asimismo, acusaban a esta última entidad de haber sembrado el confusionismo “para imposibilitar nuestra labor”.

La experiencia de Gernika se prolongó hasta diciembre de 1953, siendo veinticinco los números publicados con artículos en castellano, euskara y francés. La aparición de la revista fue irregular, dependiendo en gran medida de los avatares de su refundador y principal impulsor, Isidoro de Fagoaga; así, a partir de julio de 1951 Gernika pasó a editarse en Buenos Aires, sin que ello implicase cambios importantes en su línea ideológica, reiterada una y otra vez en la mayor parte de los números de la revista. Respecto a los colaboradores, desfilaron por sus páginas los más destacados intelectuales vascos del momento. Además de los ya mencionados, encontramos los nombres de Isaac López de Mendizábal, Iñazio Eizmendi “Basarri”, Víctor Ruiz Añibarro, Justo Gárate, Miguel Astiz Dorrea, Nicolás Ormaechea “Orixe”*, Txomin Peillen, Etienne Salaverry, Pello Errota, Luis Villasante, Manuel de Irujo, Cecilia García de Gilarte, Jesús de Galíndez, Severo de Altube, Juan León Cruzalegui, Dominique Dufau, Pierre Espil, Andima Ibinagabeitia, Federiko Krutwig, Jon Mirande, Ricardo Baroja, Marc Légasse, Norbert Tauer, Francisco de Madina y un largo etcétera. Esta extensa relación de intelectuales muestra a las claras la importancia de aquella experiencia cultural en la cual se aunaban nombres del exilio interior y exterior, de América y del País Vasco norte.

En relación a los contenidos de la publicación, estos resultaban bastante variados, tal y como se señalaba en la presentación de la revista. En general se trataba de ensayos y reflexiones de contenido histórico, artístico, lingüístico, filosófico y religioso. Cuestiones como el futuro de la lengua vasca o del propio planeta, amenazado por un posible enfrentamiento bélico mundial, reflexiones etimológicas, recuerdos de pensadores y escritores, se entremezclaban con artículos de corte más costumbrista y con algunas referencias a la actualidad política y cultural. Se constata además una constante reivindicación tanto de los grandes nombres de la literatura en euskara, es el caso de Nicolás Ormaechea “Orixe”, como de los más conocidos autores vascos en castellano, reivindicados por encima de sus ideologías, como Unamuno o Pío Baroja.

Ideológicamente en las páginas de Gernika es posible encontrar opiniones muy diversas, desde el independentismo vasco a la reivindicación foral o del federalismo peninsular. No obstante, en general, predomina una visión tradicionalista de la realidad, defensora de un liberalismo con fuertes raíces religiosas, apoyada en una imagen con frecuencia ingenua de los tiempos previos al conflicto bélico y una actitud reacia a todo lo que pueda suponer cambio social; de hecho las ideologías de izquierda se hayan casi ausentes de estas páginas. La defensa de lo autóctono, de la identidad vasca, se realiza casi siempre desde una visión universalista de la realidad. La construcción europea, el ser humano y la unidad planetarias son contemplados como ideales de futuro desde una perspectiva humanista. En este sentido es constante la reivindicación del bardo Iparraguirre y de su himno “Gernikako arbola” (El árbol de Gernika), cuyos versos “eman ta zabal zazu munduan fruitua” (da y esparce el fruto en el mundo), auténtico leiv-motiv de la revista, son reiterados una y otra vez en un sentido de extender la libertad representada por la antigua foralidad vasca. Este punto de vista se recoge en la propia “Declaración de principios” de la asociación: “Crear entre los vascos conciencia de Humanidad, atendidendo a la invocación de Iparraguirre que cantó y ensalzó al Roble de Gernika como símbolo de paz y fraternidad”.

La desaparición de Gernika, en medio de la “guerra fría”, supuso el final de una de las más interesantes experiencias culturales y de pensamiento del exilio vasco, una de las pocas publicaciones llevadas bajo planteamientos de una cierta pluralidad y universalidad de la que carecieron la mayor parte de estas revistas. En este sentido, Gernika constituye una aportación insuficientemente estudiada y valorada en sus contenidos y repercusiones dentro del mundo nacionalista, principal destinatario de sus páginas.

José Ramón ZABALA

BIBLIOGRAFÍA:

-AGRUPACIÓN POPULAR GERNIKA: Gernika. Tres tomos. Edición facsímil (falta el número 1). Ediciones Vascas, Donostia, 1979, 800 pp. aprox..
-ZABALA, José Ramón:
-”Aproximación a la hemerografía del exilio vasco”. La Cultura del Exilio Vasco II. Editorial José Angel Ascunce. Donostia, 1994, pp.108-110.
-“Hegoalderantz begira. 1936ko euskal erbesteko prentsa Europan”, Donostia, Jakin, nº119, julio-agosto de 2000, pp.77-96.
-“Isidoro de Fagoaga. La soledad del humanista” en VVAA: Sesenta años después. Euskal Erbestearen Kultura, tomo II, Donostia, Editorial Saturrarán, 2000, pp.91-114.

GUDARI,

Fotografía de GUDARI
Bilbao, Francia (clandestina), Caracas, México

Es la de Gudari (soldado vasco) otra de las cabeceras paradigmáticas del exilio vasco nacionalista. En distintos lugares y momentos históricos veremos reaparecer una publicación surgida en Bilbao, en 1936, al calor de la resistencia al golpe franquista que acabó con la II república española. En su primera etapa, iniciada el 4 de noviembre de 1936, se trataba de un semanario dirigido a la militancia del PNV. Bajo la dirección de José María Kazaña colaborarían en él destacados intelectuales del partido como Jesús Insausti “Uzturre”, Andoni Ruiz de Azua “Ogoñope”, Manuel de Eguileor o Ayerre. Al cabo de dieciocho números desaparece como semanario nacionalista y reaparece Gudari como boletín del ejército vasco, fundamentalmente de las milicias nacionalistas. En esta segunda etapa los contenidos son fundamentalmente militares, dirigidos a mejorar la moral de los combatientes antifascistas. El director de la nueva publicación fue el poeta Esteban Urkiaga, “Lauaxeta”, quién sería fusilado por los golpistas en Gasteiz a las semanas de aparecer el nuevo semanario, el 25 de junio de 1937. Le sucedió en el puesto Pedro de Basaldúa. El redactor jefe fue Julio de Sarasua. El último número de Gudari apareció el 7 de junio de 1937.

Posteriormente, en la posguerra, la cabecera Gudari titulará al menos tres publicaciones distintas. En primer lugar será durante la guerra mundial, en Francia, cuando se distribuya un boletín de muy modesta factura con ese nombre, multicopiado, órgano de la Federación de Gudaris, que rechazaba el nazismo, apoyando a la Resistencia. De alguna manera, trataba de responder a una tendencia del nacionalismo que no veía con malos ojos la posibilidad de negociar con los nazis una salida al problema vasco. Frente a esta postura Gudari trataba de hacer llegar a los exiliados la consigna de no colaboración con el nazismo.

En 1961 la cabecera vuelve a reaparecer en Caracas (Venezuela). Nace en Venezuela como portavoz Euzko Gaztedi-Resistencia Vasca y tendrá una larga existencia hasta 1974, apareciendo 67 números. En este largo periódo serán sus directores Alberto Elosegui primero y, a partir de 1969, Iñaki Anasagasti. Entre sus colaboradores destacan Jesús Insausti, Jesús María de Leizaola, Martín de Ugalde, Luis Ibarra Enciondo, José de Abásolo Mendívil, Manuel de Irujo, Mauro Elizondo… Esta publicación se distribuía de manera clandestina en la Península.

Finalmente, también en México aparece la cabecera Gudari a lo largo de 1965, si bien no alcanzó la importancia de la publicación venezolana.

De todas estas publicaciones sólo se ha reeditado la correspondiente a la etapa 1936-1937, la dirigida por Lauaxeta y Basaldua (Gudari, Editorial Eguzki, Bilbao, 1986, sin numerar).

Bibliografía:
-DIAZ NOCI, Javier: Euskal prentsaren sorrera eta garapena (1834-1939). Eusko Ikaskuntza, Donostia, 1995, pp.194, 253-256.

-RUIZ DE GAUNA, Adolfo: Catálogo de publicaciones periódicas vascas de los siglos XIX y XX. Eusko Ikaskuntza-Gobierno Vasco, Gasteiz, 1991, pp.218-219.

-SARASUA, Julio de: “Recordando” en Gudari. Edición facsímil, Editorial Eguzki, Bilbao, 1986, pp.2-5.

-ZABALA, José Ramón: “Aproximación a la hemerografía del exilio vasco (1936-1960)” en La Cultura del Exilio Vasco II. Colección La Cultura del Exilio Vasco, J.A. Ascunce editor, Donostia, 1994, pp.86, 102.

TIERRA VASCA–EUSKO LURRA,

Fotografía de TIERRA VASCA–EUSKO LURRA
Buenos Aires

Tierra Vasca es sin duda una de las cabeceras míticas del exilio nacionalista, si bien su primer número apareció en Donostia, el 8 de enero de 1933, tres años después de la fundación del partido Acción Nacionalista Vasca, organización que defendía la ideología nacionalista desde una perspectiva republicana y laica. Su primeros directores fueron José Olivares Larrondo “Tellagorri” y Telesforo Uribe-Echevarría. De carácter diario, recogía textos tanto en euskara como en castellano. Con la ocupación de Donostia por parte de las fuerzas requetés, Tierra Vasca pasó a editarse en Bilbao desde diciembre de 1936 hasta junio de 1937. A lo largo de este período colaboraron en la publicación, además de los ya mencionados, Andrés Perea, Bernabé Orbegozo “Otarbe” y Luis Ruiz de Aguirre “Sancho de Beurko”. Con la caída de Bilbao el periódico desaparece, reapareciendo en Baiona, en 1946, esta vez bajo la responsabilidad de Juan Carlos Basterra, volviendo a desaparecer en 1947. Habrán de pasar casi diez años hasta que Luis Ruiz de Aguirre relanza la idea de la publicación en Buenos Aires. El primer número de esta nueva etapa aparece el uno de julio de 1956 figurando como director José Olivares Larrondo “Tellagorri”, primero, y Pello Mari Irujo tras la muerte de aquél en 1960. Tierra Vasca seguirá apareciendo de manera mensual hasta septiembre de 1975.

Esta publicación mantuvo siempre una postura plural, admitiendo gran diversidad de colaboradores: desde miembros del Gobierno Vasco en el exilo a cenetistas, socialistas, republicanos e, incluso, destacados miembros de ETA. En este sentido la etapa bonaerense de la publicación fue más allá de lo que se pude considerar como prensa de partido, impulsando en la práctica un planteamiento unitario de resistencia vasca al franquismo. La desaparición de la cabecera estuvo motivada por la enfermedad de su último gran impulsor, Pello Mari Irujo. Posteriormente, durante la transición, el partido ANV volvió a editar durante algún tiempo un boletín de carácter interno con ese mismo nombre.

Esta publicación no ha sido reeditada y sólo se conserva en su totalidad en la Universidad de Reno (Estados Unidos).

José Ramón ZABALA

BIBLIOGRAFÍA

-AMÉZAGA, Arantzazu: “Pello Mari Irujo Ollo. El periodista vasco en el exilio”, en VVAA: Sesenta años después. Euskal Erbestearen Kultura, tomo II, Donostia, Editorial Saturrarán, 2000, pp.285-310.
-DÍAZ NOICI, Javier:
-“Euskal kazetaritza 50eko hamarkadan”, Donostia, Egan, 2001, pp.97-126.
-Euskal prentsaren sorrera eta garapena. Donostia, Eusko Ikaskuntza, 1995, pp.210-214.
-GOIBURU, E.: “Tierra Vasca acabó con Franco”. Iruñea, Punto y Hora de Euskal Herria, nº83, 19 de mayo de 1979, pp.30-31.
-SAIZ VALDIVIELSO, Alfonso C.: Triunfo y tragedia del periodismo vasco (1900-1939). Madrid, Editora Nacional, 1977, pp.316-318.
-ZABALA, José Ramón:
-“Aproximación a la hemerografía del exilio vasco. 1936-1960”. La Cultura del Exilio Vasco II. Editorial José Angel Ascunce. Donostia, 1994, pp.71-128.

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