Euskal Erbesteen Kultura – La Cultura de los Exilios Vascos

La cultura de la dictadura

By on 2015/07/05 in Editorial, Noticias
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Se ha publicado el último libro de José Ángel Ascunce, “Sociología cultural del franquismo (1936-1975). La cultura del nacional-socialismo”, una obra ambiciosa que parte del renacer cultural vivido en el periodo republicano para, a continuación, describir la cultura del llamado nacional-catolicismo, el franquismo en suma. El libro no aborda, por tanto, la diversidad cultural que pudo existir en aquella larga posguerra sino que se centra en lo que podemos llamar cultura oficial de la dictadura, “prescindiendo de las manifestaciones de la llamada disidencia cultural”, dentro de la que cabría englobar a la desarrollada por los exiliados y exiliadas; el estudio de dichas culturas disidentes quedan para un próximo volumen sobre el que ya trabaja el profesor Ascunce.

Señala el profesor Ascunce la complejidad de la temática abordada en este volumen por los propios vaivenes que fue dando el régimen en su necesidad de adecuarse a los diferentes momentos históricos pero, también, por las propias contradicciones de los creadores que llevaron a situaciones como la de un Camilo José Cela, franquista convencido, autor de un libro, La familia de Pascual Duarte, en plena posguerra española, 1942, que pese a la ideología de su autor, muestra evidentes características disidentes.

Tras tratar de definir qué fue la cultura del nacional-catolicismo, un fenómeno que todavía hoy pervive de manera más o menos solapada, Ascunce analiza los mecanismos jurídicos del “nuevo orden” instaurado por la dictadura, un corpus legislativo que trataba de dar legitimad a un orden impuesto por las armas. A partir de aquí analiza, de una parte, los mecanismos de represión, los mecanismos de atracción ideológica y los mecanismos de evasión frente a una realidad degradada.

En el capítulo dedicado a los mecanismos de represión, estudia desde la mera represión física, la batalla de la información y su manipulación, los tribunales políticos y depuración, la censura, instrumentos todos ellos orientados hacia el mantenimiento de un férreo control ideológico de la ciudadanía. A fin de cuentas “la violencia, y como derivación de esta el miedo, fue el elemento distintivo de la política franquista” (208). “Se imponía el exterminio físico y cultural como solución a un estado de confrontación abierta y de violencia visceral” (208). En palabras de Ascunce, “terror y adoctrinamiento son los dos fundamentos claros de la cultura del nacional-catolicismo” (238).

Pero la represión no era suficiente. El régimen puso en marcha, al mismo tiempo, toda una serie de recursos de llamada. “mecanismos psicológicos de atracción” (239). Desde este punto de vista fueron pilares fundamentales la escuela, la prensa, los tebeos, los medios audiovisuales y la literatura. Con todos ellos, destaca el autor los llamados “recursos subliminales de ideologización” (241), supuestas verdades tópicas que nadie cuestiona y que bombardean a la persona sin que esta sea consciente de ello. De esta manera se utilizaron, por ejemplo, las manchetas de prensa que, en su cotidianeidad, transmitían conceptos como Unidad, El Porvenir, La Voz de España, Arriba, etc. En la “cultura franquista, nada era inocuo” (242). Otro recurso subliminal era la constante presencia de valores y símbolos oficiales, como eran la cruz y el retrato del dictador, omnipresente este último hasta en los sellos de correos, pese a que aquellos había que “matarlos” en su uso.

Finalmente, estudia el autor los mecanismos emocionales de evasión, “el conjunto de estímulos y respuestas, al margen de los programas de la ideologización oficial, aunque no se oponga a ellos” (431) que permiten a la persona huir de la realidad. Es, por ejemplo, la literatura de masas, “género literario de evasión por excelencia” (435). Dentro del conjunto de autores dedicados a este género destaca Ascunce tres nombres: Corín Tellado, Marcial Lafuente Estefanía y José Mallorquí. Diferentes características tuvo el fenómeno dramático con autores como Adolfo Torrado, Alfonso Paso, o el llamado teatro de variedades en el que reinó “El teatro Chino de Manolita Chen”. Variantes del arte dramático serían también las radionovelas melodramáticas que copaban las emisiones de buena parte de las radios del momento, con Guillermo Sautier Casaseca como autor de culto.

Así resume la tesis del libro su autor: “La cultura del nacional-catolicismo, como cualquier cultura de signo totalitario, no es una cultura plana y transparente a pesar de la simplicidad de sus enunciados ideológicos. (…) Funciona con tres caras de carácter complementario (…) La primera cara la conforma la denominada cultura del terror; la segunda cara la configura la cultura del adoctrinamiento y la tercera se revela como cultura de banalización” (497).

En conjunto, nos encontramos ante un trabajo de gran interés en el que las disquisiciones más teóricas vienen acompañadas de numerosos ejemplos y anécdotas que convierten la obra en un libro que se lee con amenidad e incluso nostalgia, mientras nos retrata lo que se dio en llamar cultura oficial de un régimen que todavía colea en nuestros subconscientes y en nuestro día a día. Era la cultura de los vencedores. Quedamos a la espera del siguiente volumen a la vez que felicitamos a José Ángel por este intenso y detallado trabajo de análisis de un periodo a veces idealizado desde la ignorancia o desde posiciones ideológicas muy interesadas en fomentar la imagen del dictador como un “abuelo paternalista” que sólo quería defender a su país, obviando la complejidad de aquel régimen de terror para quienes no comulgaban con el nacional-catolicismo.

 

                                                                                                                                      José Ramón Zabala

Referencia bibliográfica:

José Ángel Ascunce: Sociología cultural de franquismo (1936-1975). La cultura del nacional-socialismo. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva, 2015. ISBN: 978-84-16345-10-6.         

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